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La teoria de la recapitulacion

La teoria de la recapitulacion
La teoria de la recapitulacion

Según la teoría de la recapitulación propuesta por el alemán, ateo y evolucionista Ernst Haeckel, el embrión (humano) repite en su desarrollo el proceso evolutivo sufrido por sus supuestos antecesores. Esta presunción sostiene que al ir creciendo en el vientre materno, exhibe primero las características del pez, luego las del reptil y finalmente las humanas. Esto fue presentado durante años como evidencia de la teoría de la evolución, pero eventualmente fue considerado algo totalmente no científico y sólo una elucubración mental(1).

 Con la peregrina idea de demostrar la realidad de esa hipótesis, Ernst Haeckel realizó dibujos artificiosos de modo que se asemejasen los embriones de pez y humano. Al ser descubierto el fraude, se defendió diciendo que el mismo tipo de cosas ya habían hecho otros evolucionistas(2).

De cualquier manera, semejante superchería dotó al racismo de un aparente fundamento científico en muchos países, en particular en Alemania.

La teoría de la recapitulación manifiesta que los rasgos de los humanos en el estadio de embrión o en la primera infancia son los propios de los ancestros adultos. Por ejemplo, Haeckel y sus seguidores sostenían que un niño “civilizado” poseía la misma inteligencia y pautas de comportamiento que la de un “salvaje” adulto, lo cual se usó para “probar” la superioridad de la “raza blanca”. Stephen Jay Gould sintetiza en su libro Después de Darwin el apoyo que la teoría de la recapitulación proveyó al racismo:

La recapitulación era el argumento favorito de Haeckel… El y sus colegas también invocaban esa teoría para afirmar la superioridad de los blancos del norte de Europa… Herbert Spencer escribió que “los rasgos intelectuales del incivilizado… son recurrentes en los párvulos del civilizado”. Carl Vogt lo dijo de modo más contundente en 1864: “El desarrollo que tiene lugar en el negro, en lo que hace a sus facultades mentales, es (del nivel) de un niño…”(3).

Por supuesto, este tipo de alegatos presentados por Spencer, Vogt y otros, no refleja la verdad de ninguna manera: la ciencia fue invalidando gradualmente esas conjeturas, por lo que fueron abandonadas. Escribe Gould en su libro El Pulgar del Panda:Esta teoría, a la que se la mencionaba por medio de una frase complicada, es decir, “la ontogenia recapitula la filogenia”, sostiene que los animales más perfeccionados  pasan en su desarrollo a través de una serie de etapas que representan, en la secuencia adecuada, la forma adulta de los ancestros, los cuales eran criaturas más primitivas… La recapitulación proveyó un enfoque conveniente al racismo penetrante de los científicos blancos(4).

El profesor George J. Stein, director del Centro de Estudios de Estrategia Aérea, publicó en American Scientist un artículo titulado “La Ciencia Biológica y las Raíces del Nazismo”. Allí sintetiza la relación deletérea entre Haeckel, el socialdarwinismo y el racismo:

En esencia, Haeckel y sus asociados darwinistas presentaron las ideas que se convertirían en el numen de las suposiciones del nacionalsocialismo”(5). 

 (1). Keith S. Thompson, "Ontogeny and Phylogeny Recapitulated", American Scientist, vol. 76, Mayo/Junio de 1988, p. 273.

 

 (2). Francis Hitching, The Neck of the Giraffe: Where Darwin Went Wrong, New York: Ticknor and Fields, 1982, p. 204.

(3). Stephen Jay Gould, "Racism and Recapitulation", capítulo 27 de Ever Since Darwin, New York: W.W. Norton & Co., 1977, p. 217.

(4). Stephen Jay Gould, The Panda's Thumb, New York:W. W. Norton & Company, Inc., 1992, p. 163.

(5). George J. Stein, "Biological Science and the Roots of Nazism", American Scientist, vol. 76, Enero/Febrero de 1988, p. 56.

 

 El Nuevo Imperialismo y el Socialdarwinismo

Los países europeos empezaron a desarrollar el colonialismo con más vigor en el siglo XVI, mucho antes que apareciese Darwin. Pero al igual que con el racismo, se valieron luego de la teoría de la evolución para consolidar sus posiciones. La Revolución Industrial impulsa el asalto de mercados nuevos en países y continentes nuevos y da lugar a lo que se llamaría en el siglo XIX nuevo imperialismo.

En ese proceso el socialdarwinismo pasa a ocupar un papel central al ser uno de sus argumentos principales el de la “superioridad racial”. Gran Bretaña, Francia, Alemania, etc., pasaron a rivalizar al considerar, de manera equivocada, que la adquisición de nuevas tierras sería lo que les haría poderosos y victoriosos.

Eso llevó a sus respectivos gobiernos, de nuevo de manera errónea, a sojuzgar a otras “razas” o poblaciones humanas. Los arios y los anglosajones consideraron un derecho natural asumir el control de los asiáticos, africanos y nativos australianos ―a quienes tenían por “razas inferiores”―, usarlos como fuerza de trabajo y explotar sus recursos naturales. Es así que el imperialismo del siglo XIX se expande más debido a su adopción de las tesis darwinistas que a los requerimientos económicos62.

Dice la edición de 1946 de la Enciclopedia Británica:

Este nuevo período del imperialismo, a fines del siglo XIX, encontró su respaldo espiritual en el Bismarckismo, en el socialdarwinismo y en todas las especulaciones que glorificaban el poder y el éxito material, las cuales inundaron Europa… Las teorías raciales se volvieron, de algún modo, la “fe” ―justificada por la “ciencia” y por la “naturaleza”― casi dominante de ese período63.

Muchos investigadores y autores aceptan que el socialdarwinismo representa el punto de partida del nuevo imperialismo del siglo XIX. Por ejemplo, en Darwin y la Revolución Darwinista, la profesora de historia Gertrude Himmelfarb dice lo siguiente, acerca de de la estrecha relación entre el socialdarwinismo, el racismo y el imperialismo:

Por lo general se ha entendido que el socialdarwinismo exalta la competición, la fuerza y la violencia por sobre el acuerdo, la ética y la religión. Es así que se ha convertido en una maleta que contiene nacionalismo, imperialismo, militarismo, totalitarismo y el culto de los héroes, es decir, del superhombre y de la raza dominante64.

El conocido historiador alemán Hans-Ulrich Wehler describe dicho aspecto del socialdarwinismo:

…(fueron los criterios socialdarwinistas) los que llevaron a considerar que las aspiraciones a la emancipación, de los trabajadores o de los pueblos colonizados, eran protestas sin sentido de la gente inferior en la lucha por la existencia, por lo fueron rechazadas. El socialdarwinismo pudo entrelazarse con los intereses dominantes mediante el áurea de conocimiento científico “irrefutable” con el que se movía. Ideológicamente se presenta como virtualmente ideal para justificar el imperialismo, a la vez que una multitud de gente lo mantiene vital y lo populariza en las naciones industrializadas65.

En 1912 el general alemán retirado Friederich von Bernhardi compatibiliza su proimperialismo con los criterios socialdarwinistas en su libro Los Británicos como Vasallos de Alemania:

Es nuestro deber desarrollar el imperio alemán colonial en interés de la civilización mundial. Solo así podremos unir políticamente a los alemanes de todo el planeta, o al menos nacionalmente, en el reconocimiento de que la civilización alemana es el factor principal del progreso humano. Debemos esforzarnos por todos los medios a nuestro alcance para adquirir nuevos territorios en cualquier parte del orbe, porque tenemos que preservar para Alemania nuestros millones de descendientes por venir, a los cuales habrá que alimentar y darles fuentes de trabajo. Es necesario que estén capacitados para vivir bajo el cielo alemán y llevar una vida alemana66.

El afán por conseguir nuevos territorios, motivado por el nuevo imperialismo, condujo a conflictos entre los países imperialistas. Una vez más, cada uno de ellos, apoyándose en los conceptos erróneos del darwinismo, consideró a la población local (a ser sometida) “raza inferior”, lo cual condujo a enormes crueldades. Plantearon que eran los elegidos para llevar la civilización a las zonas a ocupar, pero en vez de ello esparcieron, principalmente, sufrimientos y lágrimas a raudales.

 

El Socialdarwinismo y el Conflicto Entre las “Razas”

Dios creó distintos tipos de poblaciones, tribus y naciones en el planeta para que haya diversidad de expresiones e intercambio entre las mismas: …para que os conozcáis unos a otros… (Corán, 49:13).

Según la visión del socialdarwinismo, los seres humanos no existen para eso sino para luchar hasta la muerte entre ellos. En consecuencia, lo que nos impulsaría al progreso humano sería ese tipo de enfrentamiento entre “razas” y naciones. Y siguiendo ese hilo de irracionalidad, sostiene que se harán nuevos descubrimientos para “agilizar” las acciones violentas, con lo que los grupos humanos “superiores” y más “civilizados” pasarán al frente y desbrozarán el camino del progreso humano. Pero sugerir que el progreso se dará a través de la matanza, la masacre, la opresión y la persecución entre personas no es sino barbarismo. Y eso es lo que sugiere Darwin ―fuente originaria del socialdarwinismo―, a quien se lo quiere presentar como “humano” y opuesto al racismo. Es este inglés quien proclamó la mentira de que los blancos “civilizados” resultarían victoriosos. Si bien es cierto que los desacuerdos y problemas son parte de la relación entre distinta gente, son cosas que se pueden resolver perfectamente por medios pacíficos. Imaginar que la violencia es la que aporta la solución, sólo complica las dificultades. Por supuesto, las naciones están perfectamente justificadas a tomar precauciones para proteger sus intereses en todo momento. Pero es tanto ilógico como una exhibición de mala intención estructurar una política nacional que ignore los derechos de otros pueblos o creer que los intereses propios pasan por destruir los de los demás.

Leemos en La Descendencia del Hombre:

Cuando las razas civilizadas entran en contacto con los bárbaros, la lucha es breve, excepto que una situación extraordinariamente favorable ayude a la raza nativa… El grado de civilización sería el elemento más importante para lograr el éxito en el choque entre las naciones67.

En otra parte del libro se refiere al enfrentamiento entre “salvajes” y “civilizados” y adelanta que estos últimos conseguirán el triunfo. Es por medio de este tipo de supuesto totalmente ilusorio que puso los cimientos para el caos y el sufrimiento que ya lleva bastante más de un siglo.

Muchos de sus seguidores juzgaron que “el obligado conflicto racial” era algo científico. Por ejemplo, el teórico evolucionista del siglo XIX Karl Pearson, considerado seguidor de Francis Galton, revela en su libro Vida Nacional Desde la Perspectiva de la Ciencia, que la lucha “interracial” es necesaria y que el combate dentro de una misma “raza” es insuficiente para la evolución. Veamos algunas de sus palabras, carentes de cualquier tipo de realidad:

Lo que he dicho acerca del linaje deficiente corresponde a las razas inferiores. ¿Cuántos siglos, cuántos miles de años, los cafres o los negros tuvieron bajo su control grandes regiones del Africa sin los problemas propios del hombre blanco? No obstante, sus luchas intertribales no produjeron una civilización, comparable por lo menos con la de los arios. No  creo que, independientemente de cómo se los eduque y nutra, se  logre la  modificación del linaje. La historia me enseña una y sólo una senda por la cual se logra llegar a una civilización superior: la lucha entre razas y la supervivencia de la más apta física y mentalmente68.

 Manifestaciones repudiables como la transcripta proveyeron al imperialismo una argumentación supuestamente científica. Los europeos ocuparon el continente africano, gran parte de Asia, persiguieron a los pueblos originarios de Australia, reivindicaron que lo que hacían correspondía a una ley natural y que era el único mecanismo por medio del cual la humanidad progresaría. (Por supuesto, esto es algo que jamás pudo ser comprobado a través de estudios serios). Según Pearson, la guerra realizada antes de manera espontánea ahora debía ser planificada:

La lucha que se da es de raza contra raza y de naciones contra naciones. Al principio era ciega, inconciente, entre tribus bárbaras. Actualmente, el blanco civilizado actúa de modo cada vez más conciente, con el objeto de modificar continuamente el medio en el que se mueve. El país tiene que prever cómo y dónde luchará… Les pido que consideren al país como un conjunto organizado en una lucha permanente con otros países, ya sea por la fuerza de las armas o por la fuerza del proceso económico y comercial.  Les pido que no vean esto como algo totalmente malo, porque es la fuente del progreso humano a lo largo de la historia69.

Esta creencia equivocada de los opresores del siglo XIX, es decir, que el choque entre razas y países era el camino del progreso y que los demás eran los “inferiores”, se impuso sobre una gran parte del mundo. La forma en que los imperialistas europeos trataban a los conquistados, exhibe que los consideraban “inferiores” desde todo punto de vista. Es por eso que los denigraron, que rechazaron aceptarlos como plenamente humanos, que los trataron de modo brutal y les negaron los derechos de los que sí gozaban los saqueadores. El siglo XIX es el de la implementación del socialdarwinismo a escala mundial.

Ese salvajismo prendió tanto entre los europeos porque, entre otras cosas, se habían apartado de los valores morales religiosos, los cuales promueven la convivencia pacífica. Dios ha ordenado que seamos tolerantes y misericordiosos. Lo contrario a ello y la promoción de la violencia conlleva una responsabilidad muy pesada frente a El, Quien ha revelado en el Corán que no acepta que se dañe a sus criaturas o se las corrompa: 

Pero apenas te vuelve la espalda, se esfuerza por corromper en el país y destruir las cosechas y el ganado. Dios no ama la corrupción. (Corán, 2:205).

 Prácticas Despiadadas en las Colonias

Las perspectivas socialdarwinistas eran las que primaban entre las élites colonialistas y sirvieron para trazar la política a seguir con los nativos, considerados subhumanos y a quienes se los sometió al aniquilamiento y a todo tipo de sufrimientos y de angustias, pues aumentó la codicia y la agresión de los colonizadores debido a un falso sentimiento de superioridad.

La Guerra del Opio es un buen ejemplo de lo dicho. Inglaterra empezó a vendérselo a los chinos a principios de 1880 y los convirtió rápidamente en drogadictos, a pesar de que para ese entonces estaba prohibida su transacción en las Islas Británicas. Luego de la muerte por consumo excesivo del hijo del emperador, éste decidió impedir su entrada. Para ello envió a Cantón ―el puerto más importante de la Compañía de las Indias Orientales― al funcionario Lin Zexu (Lin Tse-Hsü) con el encargo de interrumpir la importación. Pero los mercaderes ingleses resistieron la aplicación de esa medida y entonces Zexu clausuró los depósitos de opio. Los británicos respondieron de inmediato con la intervención militar y los chinos fueron obligados a aceptar un tratado humillante, por medio del cual se legalizaba plenamente la comercialización de estupefacientes en China. El enviado del emperador perdió su puesto en el gobierno y fue enviado al exilio.

Los portugueses, por su parte, demostraron su “superioridad” esclavizando a los nativos de Africa occidental y enviándolos, allende los mares, “contratados” como trabajadores por cinco años. Pero muy pocos de ellos sobrevivieron a las condiciones de vida impuestas como para poder regresar70.

No sólo que los colonizadores les robaban sus pertenencias, territorios y recursos naturales para entregárselos a las compañías o colonos de sus países, sino que los pasaron a explotar como fuerza de trabajo, absolutamente indiferentes a la suerte que corriesen.

Los británicos enviaban de sus colonias a su terruño materias primas (algodón, té y minerales) para retornarlas luego  a las posesiones en forma de productos manufacturados, a precios elevados. Además, se arrogaron la manipulación en exclusiva del algodón que se producía en la India y obligaron que la sal se les comprase sólo a ellos.

De manera coherente con sus ínfulas de dominantes, los ocupantes trataban a los jefes nativos de modo irrespetuoso e indigno. La forma de proceder con los colonizados era la que regía antes entre los europeos, desde Isabel I de Inglaterra hasta Napoleón (es decir, desde principios del siglo XIV hasta principios del XVII). El concepto de superioridad, aunque falso, ganó fuerza en el viejo continente en el siglo XIX, convirtiendo en “normal” la actitud  insultante y cruel.

Los imperialistas darwinistas presentaron su colonialismo como el producto de la “inferioridad” de los que pasaron a dominar. Según sus suposiciones, la “raza superior” debía sentar sus reales en todo el mundo para que éste progrese, es decir, para lograr la mejora o el desarrollo de las “razas inferiores”. Dicho en otras palabras, los colonizadores sostenían que llevaban la civilización a las tierras que ocupaban. Pero sus políticas y formas de proceder no mostraban para nada la intención de una ayuda sincera a esos pueblos en los que clavaban sus garfios. Los poderes colonialistas de los siglos XIX y XX llevaron a otros sitios el caos, el exterminio, el pánico y la humillación, en vez del bienestar, la felicidad, la cultura y la civilización: no se trataba más que de sus conceptos socialdarwinistas aplicados. Y aunque se acepte que aportaron algún beneficio a las zonas que saquearon, el daño producido fue inmensamente mayor.

En el texto de Karl Pearson que sigue abajo, se resumen esos criterios basados en el darwinismo:

La lucha significa sufrimiento, un sufrimiento intenso mientras se lleva a cabo. Pero lucha y sufrimiento han sido los procesos o etapas por medio de los cuales el hombre blanco ha llegado a su actual estado de desarrollo, lo que explica que ya no viva más en cuevas alimentándose de raíces y frutos. Por más tétrico que les parezca a algunos, la raza más apta sobrevive valiéndose de ese progreso, lo cual es la circunstancia atenuante o compensadora de la (despiadada) lucha por la existencia: es del crisol más ardiente que proviene el metal más refinado. Usted puede abrigar la esperanza de que llegará el momento en que las espadas se transformen en arados, en que los comerciantes norteamericanos, alemanes y británicos ya no compitan en los mercados mundiales de materias primas y por la provisión de alimentos, en el que el blanco y el negro compartan el mismo suelo y que cada uno cultive su parcela. Pero, créanme, cuando llegue ese día dejará de existir el progreso, nadie pondrá coto a la procreación del linaje inferior, la inexorable ley de la herencia no será controlada y mantenida por la selección natural. El hombre se estancará… El sendero del progreso está sembrado con los despojos o la destrucción de las naciones. Por cualquier parte se ven sus restos y las víctimas de las razas inferiores, las cuales no encontraron la puerta estrecha que permite acceder a un estadio superior. De cualquier manera, la cantidad de cadáveres producidos son, en verdad, los peldaños o escalones por medio de los cuales la humanidad se ha elevado intelectualmente y ha profundizado su sensibilidad71

 Esta “visión del mundo” que considera a la mayoría de los pueblos de una condición inferior y a sus muertos y damnificados como un paso ineludible en el sendero de la llamada evolución, representa una amenaza para toda la humanidad. Si un conjunto de individuos se esfuerza por presentar una idea como una realidad científica ―independientemente de lo peligrosa, ilógica y no científica que sea― y la propaga amplia y permanentemente, casi siempre es aceptada inmediatamente junto con sus resultados prácticos por la gente poco informada. Y los darwinistas obraron así. Quienes creen en conceptos tales como “lucha por la supervivencia” y “conflicto entre las razas superiores e inferiores”, se vuelcan a todo tipo de brutalidad o se quedan callados si son otros los ejecutores. Es por eso que millones de individuos aplaudieron a racistas, agresivos y crueles, como Franco, Hitler y Mussolini, aunque se hubiesen nutrido en ideologías deparadoras de la aflicción, el sufrimiento y el terror, causantes de la muerte de centenares de miles de personas. 

La Guerra y el Socialdarwinismo

La engañosa idea de que la lucha “interracial” conduciría al progreso de los pueblos, cimentada en la notable expansión del darwinismo antes y después de la Primera Guerra Mundial, estableció como verdad “indiscutible” que las matanzas en acciones militares eran el “medio más apropiado” para la eliminación del débil y la erradicación de las personas vistas como “cargas sociales”, así como el factor que hacía a la supervivencia del más fuerte y al desarrollo positivo de la “raza humana”.

No cabe ninguna duda que a lo largo de la historia ocurrieron muchos enfrentamientos cruentos. No obstante, por lo general, sucedieron dentro de ciertos límites y sin tener como objetivo directo liquidar la población civil. El reto era entre los grupos armados involucrados. Pero en las guerras alentadas por el socialdarwinismo, el blanco principal pasó a ser el ciudadano común, para reducir la cantidad de los que “sobraban”, es decir, para eliminar a los que se consideraba “incompetentes” y, supuestamente, “inferiores”.

Numerosos escritos y discursos describen los fundamentos darwinistas de la guerra antes de la de 1914-1918. Richard Milner, editor colaborador de Natural History, la revista del Museo Norteamericano de Historia Natural de New York, escribe acerca de los puntos de vista darwinistas belicosos de los intelectuales alemanes de la época:

En el período de la Primera Guerra Mundial, los intelectuales alemanes creían que la selección natural era una ley natural irresistible y todopoderosa (Allmacht) que los impelía al combate sangriento con el objeto de imponerse sobre los demás. Los libros de texto y militares promovían las teorías de Darwin y las estimaban el basamento “científico” para el logro de la supremacía mundial. Ni decir que esos supuestos contaban con el respaldo absoluto de los científicos y profesores de biología alemanes72.

Durante esos años, el general F. von Bernhardi se ocupó de difundir el socialdarwinismo. En su libro Alemania y la Guerra  Que Viene, mantiene que el combate es una obligación y la mejor forma de hacer desaparecer del mundo a los inservibles:

“La guerra es una necesidad biológica de primera importancia, un elemento regulador imprescindible en el devenir del género humano, pues sin ella habría un desarrollo malsano que se opondría al avance de la raza y, por lo tanto, a toda la civilización real”73.

La idea de que la guerra es “un elemento regulador” no se puede justificar en términos lógicos y racionales ni de manera científica. En la misma se da rienda suelta a una fuerza destructora que provoca pérdidas enormes de vidas y de propiedades, con un efecto negativo sobre toda la sociedad, difícil de subsanar.

No obstante, quienes consideraban a la guerra y a las masacres permanentes un requerimiento de la llamada civilización, siguieron promoviendo ese concepto. Por ejemplo, dice Bernhardi en otra parte de su libro:

La guerra no sólo es un elemento más en la vida de los pueblos, sino un factor indispensable  de la cultura, con la cual la nación realmente civilizada encuentra la más elevada expresión de fortaleza y vitalidad… La guerra da un fallo biológico adecuado, puesto que éste descansa en la propia naturaleza de las cosas… No es sólo una ley biológica sino (también) una obligación moral y, como tal, un factor indispensable para (el progreso) de la civilización74.

No cabe ninguna duda que uno de los errores más grandes de quienes admitieron ese tipo de ideas, fue asumir que la guerra era compatible con la naturaleza humana y, en consecuencia, inevitable. Según ese criterio, cuanto más se impulsa la guerra, mayor es el poder y la vitalidad que se adquieren. Pero esto es una gran falsedad. Dios nos ha creado de manera tal, que somos más felices cuando vivimos en paz. El caos y los conflictos provocan tensiones terribles en el alma humana. El mejor tipo de progreso en lo económico, social y cultural, se da en un clima de concordia y seguridad. Gertrude Himmelfarb hace el siguiente comentario en su libro Darwin y la Revolución Darwinista:Para el general (Bernhardi) los experimentos y aventuras nacionalistas fueron la resultante de hacer de la guerra la necesidad primera. Para otros fue al revés:

las aspiraciones nacionalistas e imperialistas llevaron al enfrentamiento bélico. Incluso hubo personas a quienes les hubiese gustado la guerra sin la carga que representaba el nacionalismo o militarismo. Eso era socialdarwinismo en su forma más pura y objetiva75.

El biógrafo de Darwin, evolucionista y antropólogo Sir Arthur Keith, admitió abiertamente que a la guerra la veía con buenos ojos. Aunque le gustaba la idea de convivir en paz, temía la resultante de ello. Hizo la ilógica predicción de que el mundo, después  de 500 años de paz, se convertiría “en un huerto que quedó sin podar durante muchos otoños con plantas que crecieron descontrolada y permanentemente”76.

Las palabras de Keith son un indicio de cómo pueden influir las sugerencias darwinistas promotoras de la violencia. Keith creía que el mundo tenía que ser “podado” de tiempo en tiempo, cortando las “ramas” (es decir, aniquilando las personas) que impedían su crecimiento enhiesto y sano. En otras palabras, respaldaba el salvajismo. Para él la “podadora” es la guerra y la gente que muere en las mismas las “ramas dañadas, improductivas, inútiles”:

hombres, mujeres y niños indefensos. Quienes reciben la influencia de los engaños darwinistas no sienten ninguna compasión por la gente inocente. La teoría que dice que para fortalecer y desarrollar la “raza blanca” deben ser eliminados los débiles, conduce a crueldades  nunca vistas.Las tenebrosas pautas socialdarwinistas son parte de las razones principales que hicieron que los enfrentamientos y las matanzas continuasen sin cesar desde el siglo XIX. Y en ese hechizo, que hace ver a las guerras con simpatía, cayeron y caen incluso quienes nunca escucharon hablar del socialdarwinismo. Por otra parte, quienes en el siglo XX consideraron y consideran que la contienda bélica es esencial (para el progreso), no fueron ni son grupos marginales sino una gran cantidad de periodistas, académicos, políticos y funcionarios77.

Son los que impulsaron e impulsan el sometimiento inhumano de mujeres, niños, ancianos y necesitados, e incluso la pérdida de vidas jóvenes en los campos de batalla porque, supuestamente, todo eso resultaría “beneficioso para la humanidad”.

Tales criterios fueron y son compartidos en los más altos niveles. Por ejemplo, el canciller alemán Theobald von Bethmann-Hollweg suscribía la creencia ―común entre la clase media al comienzo de la Primera Guerra Mundial― de que era inevitable la lucha entre eslavos y teutones78.

El Kaiser opinaba lo mismo. Muchos historiadores concuerdan en que entre las causas principales de las matanzas brutales en el primer decenio del siglo XX, se encuentran las perversas suposiciones de que la guerra resulta inevitable y que “limpiar” el planeta de las “razas inferiores” es algo natural y benéfico.El filósofo Friedrich Nietzsche también fue un destacado defensor del socialdarwinismo en Alemania. Para él, el sistema social ideal debía basarse en el conflicto armado:

“El hombre será entrenado para la guerra y la mujer para la recreación del combatiente. Todo lo demás es insensatez”79.

Según esa fantasía malhadada, la vida consiste únicamente en un combate bélico permanente, el cual incluye todo lo demás. Hitler, un socialdarwinista fanático y gran admirador de Darwin y de Nietzsche, llevó a la práctica dicho criterio. Mezcló el militarismo con la teoría de la evolución y dijo:

Toda la naturaleza es una lucha continua entre el fuerte y el débil y la victoria permanente del primero sobre el segundo80.

Ideas como estas, son el producto de una ignorancia terrible. Quienes pensaron y piensan que al recurrir a la teoría de la evolución y a las ideas militaristas y asesinas se cuenta con un respaldo científico, solamente se engañaban y se engañan. Debido a ello el mundo se vio y se ve sumergido en la ruina en una escala sin precedentes. Max Nordau, uno de los líderes del sionismo, identifica a Darwin como el defensor fundamental de la conflagración bélica en un artículo titulado “La Filosofía y los Valores Eticos de la Guerra”:Darwin es la principal autoridad entre los que abogan por la guerra. Desde que fue promulgada la teoría de la evolución, las contiendas armadas pueden cubrir su barbarismo con el nombre de Darwin y proclamar que los instintos sanguinarios más depurados se fundamentan en los más modernos conocimientos científicos81.

El maestro de historia de la Universidad de Columbia Jacques Barzun, dice en Darwin, Marx, Wagner: Crítica de una Herencia, que el inglés atizó el fuego del militarismo y la guerra en todas partes:La guerra se volvió el símbolo, la imagen, el aliciente, la razón y el lenguaje de la acción humana en el planeta. Solamente quienes soportaron ocuparse en una medida considerable de la literatura del período 1870-1914, pueden tener una idea del grado en que en esos escritos se llama al derramamiento de sangre… Los militaristas de la segunda mitad del siglo (XIX) versificaban los sucesos bélicos y se regodeaban ante la sola perspectiva de que se produzcan. Con cierta irresponsabilidad daban por hecho que todos los combates eran lucha por la vida y que la muerte del perdedor era un resultado “natural”82.

En el mismo libro el autor citado describe la manera en que se impuso la influencia darwinista en Europa:Entre 1870 y 1914, en cada país europeo había una facción guerrerista demandando armamento, una facción individualista demandando la competencia inmisericorde, una facción imperialista demandando la libertad de acción sobre los pueblos “atrasados”, una facción socialista demandando la conquista del poder y una facción racista demandando purgas internas de los extranjeros. Para eso todas las facciones apelaban al anhelo y gloria perdidos, e incluso, antes que eso, invocaban a Spencer y a Darwin, que era lo mismo que referirse a la ciencia encarnada… La raza es un producto biológico, sociológico, darwiniano83.   

Esas imposturas, identificadas y descritas por muchos académicos, explican, en una medida considerable, la historia de las guerras, las matanzas y los genocidios del siglo XX. 

Para Dios la Superioridad Yace en la Piedad, no en la “Raza”

El salvajismo no se limitó a los nazis. Muchas partes del mundo experimentaron y experimentan catástrofes terribles debido al racismo, lo cual llevó y lleva a que millones de personas fuesen y sean consideradas sin valor alguno y en consecuencia humilladas, arrancadas de sus hogares y esclavizadas, tratadas como animales, usadas en experimentos farmacéuticos, asesinadas  o abandonadas para que se mueran.

Los ejemplos de esa brutalidad sin límites que citamos en este libro, son unos pocos de los muchos documentados. Es necesario tener muy en claro la concepción del darwinismo en lo que hace al funcionamiento de la sociedad. Al igual que todas las otras teorías materialistas, el socialdarwinismo sostiene que las personas son criaturas egoístas que viven únicamente para su propio interés y responsables sólo con ellas mismas.

Es decir, nunca tendrían en cuenta los principios éticos ni la felicidad de todos los habitantes del planeta. Pero eso no es así. Dios enseña en el Corán, a través de los valores de su moral religiosa, cómo se logra la armonía y la solidaridad universal.Si la gente tiene fe en las órdenes del Libro revelado por El, el cariño y la compasión por los demás se da naturalmente.Quienes aman, respetan y obedecen las órdenes de Dios, saben que El nos creó a todos y en consecuencia no hacen ningún tipo de diferencia debido a la “raza”, el color de la piel o el idioma. Ven en cada ser humano la agradable belleza creada por el Todopoderoso. Es la fe la que nos convierte en compasivos y protectores.

 Por el contrario, los que tienen el cerebro lavado por medio de las falsedades darwinistas, desprecian a otros linajes y pueblos, entienden que es correcto oprimirlos o eliminarlos. Con esas formas de proceder no hacen más que multiplicar la tensión, la infelicidad y el terror. El racismo y el imperialismo testimoniados en los siglos XIX y XX, son el resultado de los criterios darwinistas.Dios ha prohibido en el Corán la discriminación por pertenecer a una comunidad o grupo humano determinado y ha revelado que las personas pueden alcanzar una verdadera superioridad ante El a través de la fe y el temor reverencial a Su autoridad: 

¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme. Dios es omnisciente, está bien informado (Corán, 49:13). 

Por DR/ Zaglol El Naggar
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