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El Darwinismo Sostiene la Mentira de que el Ser Humano es Libertino y Carece de un Fin Determinado

El Darwinismo Sostiene la Mentira de que el Ser Humano  es Libertino y Carece de un Fin Determinado

Los conceptos del evolucionista George Gaylord Simpson, basados totalmente en mentiras, son el resumen más claro de cómo considera el darwinismo a nuestra especie:

El ser humano está solo en el universo (y es) el producto singular de un largo proceso material, inconciente, impersonal, con comprensión y potencialidades únicas.

 No pertenece a nadie sino a sí mismo y no tiene que rendir cuentas a nadie sino a sí mismo165.
Esta suposición representa una de las falsedades clásicas del darwinismo y una de las causas principales del colapso social, porque sus adherentes no pueden ofrecer la más mínima evidencia científica de que el ser humano se hizo presente en el mundo a través de un proceso como el indicado. Sólo buscan mantener esta falsedad por razones ideológicas. Según esa idea caprichosa, no existe ningún motivo predeterminado para que nuestra especie se instale en la Tierra. Además, sólo seríamos entidades sin designio que un día mueren y desaparecen. Pero la verdad es totalmente diferente. Dios no creo al ser humano para pasar el rato, para divertirse. La creación de nuestra especie tiene un propósito definido, que el Corán nos revela. Dios nos creó para que Le sirvamos. Cada uno de nosotros permanecemos en el planeta por un tiempo, cuya duración, que El determina, está en armonía con un destino específico. Después de cierto tiempo de estar muertos seremos resucitados y estaremos ante el Día del Juicio, en donde todos  rendiremos cuenta de nuestras acciones en este mundo. Los evolucionistas intentan, por todos los medios, pasar por alto esta realidad y buscan que todos hagan lo mismo. Pero cuando llegue ese Día, ellos y quienes los siguieron experimentarán una congoja inmensa. Dice nuestro Señor:

 Si pudieras ver cuando, puestos de pie ante el Fuego (del Infierno), digan:
“¡Ojalá se nos devolviera (a la Tierra)! No desmentiríamos los signos de nuestro Señor, sino que seríamos de los creyentes” (Corán, 6:27).

 La idea de que somos el producto de la casualidad, sin ningún tipo de norte, nos vuelve apáticos e irresponsables, nos hace sentir vacíos o nos lleva a una depresión terrible. Esa forma de pensar lleva a entender que la vida no tiene sentido, que es innecesaria. Esto conduce, a su vez, al colapso espiritual. Las estimaciones ilógicas e irracionales  de Richard Dawkins, uno de los defensores principales de la teoría de la evolución, son típicas de la visión materialista. Este señor asegura que la creación del universo no conlleva ningún propósito: ser humano y universo son productos de la casualidad y el caos. Tal criterio siembra la desesperación, el pesar o el abandono extremo, puesto que quien admite que al morir simplemente pasa a ser nada, no le encuentra significado a la vida. Entonces se considera que las realizaciones correctas ―las acciones solidarias, el amor sincero, etc.― no tienen ninguna recompensa: sólo queda la tristeza y la melancolía permanentes.

Además, individuos así son capaces de imaginar que sus actitudes incorrectas quedarán sin castigo, que pueden pasar inadvertidas. En este caso, los tendría sin cuidado ser hipócritas, mentirosos, malvados, timadores, sembradores de cizaña, ladrones o asesinos. En cualquier sociedad en donde crece el número de gente con esas convicciones, se pierde el orden y la estabilidad.

Uno de los ejemplos más notables del daño que infligió la propaganda darwinista sobre el alma humana, aparece en el prefacio del libro de Dawkins, El Arco Iris Desecho:

Un editor extranjero de mi primer libro confesó que, después de leerlo, quedó  perturbado porque entendió que contenía un mensaje escalofriante, yermo, lo que le impidió dormir tres noches seguidas.  Otros me preguntaron cómo es que soporto levantarme todos los días a la mañana. Un maestro de un pueblo distante me escribió para increparme porque una de sus alumnas se había puesto a llorar después de leerlo, persuadida de que la vida era algo vacío y sin sentido. Le aconsejó a la estudiante que no se lo muestre a ninguno de sus amigos por temor a que se contaminasen con el mismo pesimismo nihilista166.
 Como se puede ver de lo comentado por Dawkins, el pesimismo y la idea de que la vida no tiene ningún sentido que desliza el darwinismo, representa una amenaza grave para la sociedad. A la gente, en vez de decírsele que somos seres creados con un propósito, estipulado por Dios, se le ofrece un mensaje sobrecogedor o, mejor dicho, una mentira que intimida, para que se acepte que somos entes a la deriva, desamparados.

Olvidar que Dios nos ha creado con un fin específico, condena a las sociedades al derrumbe moral y espiritual. La mayoría de los adictos a las drogas que dan la espalda a la vida, sufren desórdenes psicológicos ―depresión, estrés, etc.― y se suicidan. Son inconcientes del verdadero sentido de sus existencias.

Fred Hoyle, aunque evolucionista, dice que la filosofía nihilista ―la vida no tiene sentido, los seres humanos carecen de todo valor― emana de El Origen de las Especies:

Me obsesiona la convicción de que la filosofía nihilista, adoptada por la denominada “opinión ilustrada” luego de la publicación de El Origen de las Especies, haya sometido al género humano a seguir un rumbo de autoaniquilamiento. Si no estoy equivocado, “la máquina de destrucción” fue activada167.

Dios ha creado a todos los seres humanos para que Le sirvan y ha insuflado de Sí en sus almas. No somos entidades que pasamos a existir por casualidad a partir de sustancias inanimadas, sino que fuimos y somos creados por Dios Todopoderoso, Quien nos da el raciocinio y todo tipo de bendiciones. Los darwinistas materialistas imaginan que los miembros de nuestra especie se formaron azarosamente y no están sujetos a nada. Pero, ¡sí que tenemos un objetivo en la vida!: cumplir en este mundo con las órdenes de nuestro Señor de la manera más cuidadosa, con el mayor entusiasmo, para lograr Su contento, pues de esa forma conseguiremos Su misericordia y Paraíso eternos en el otro mundo, donde residiremos definitivamente. Esta es la realidad que, precisamente, los evolucionistas  niegan obcecadamente.

Además, Dios nos revela que desconocer sus mandatos acarrea problemas:

 
¿Cree el hombre que no van a ocuparse de él? (Corán, 75:36).

 ¿Os figurabais que os habíamos creado para pasar el rato y que no ibais a ser devueltos a Nosotros? (Corán, 23:115).