
En las aleyas donde se describen las atenciones que Abraham (que Dios esté complacido con él) tiene con sus invitados, el Corán muestra cómo ser un buen anfitrión:
¿Ha llegado a tu conocimiento la historia de los honorables huéspedes de Abraham? Cuando le visitaron esos [emisarios celestiales] y dijeron: “¡Paz!” Respondió: “¡[Y con vosotros la] paz!” – [y decía para sí:] “Son gente desconocida”. Luego se volvió discretamente a su familia y vino con un ternero cebado [asado] que puso delante de ellos, diciendo: “¿No vais a comer?” (Sura Los vientos que arrastran 51: 24-27)
Los creyentes que toman la hospitalidad de Abraham (que Dios esté complacido con él) como ejemplo darán a sus invitados una cálida bienvenida y les harán sentirse a gusto mostrándoles respeto y amor. Luego, pensarán en lo que pueden necesitar y se lo proporcionarán sin que tengan que pedírselo o insinuárselo. Además, intentará ofrecérselo sin demora porque es una costumbre de los musulmanes basada en el ejemplo personal del Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, que se les debe ofrecer a los invitados la mejor comida que haya en casa.
Cuando un anfitrión trata a sus invitados fríamente y con indiferencia hacia sus sentimientos, hace que se sientan incómodos y molestos. Esto lleva a que ambas partes quieran que la visita acabe pronto. El invitado lamenta haber venido y el anfitrión siente haber gastado comida y tiempo.
Para concluir, la hospitalidad y buenos modos, la unidad y la cooperación únicamente pueden propagarse entre las personas practicando las enseñanzas del Corán y emulando el noble y generoso comportamiento del último Mensajero, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y el comportamiento de los musulmanes que actúan correctamente.




La hospitalidad















