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La influencia de un lápiz en el futuro de dos niños

El primero se hizo un ladrón y el segundo se hizo el responsable de la asociación de caridad más grande de su ciudad.

 El primer niño

Un día estuve en un bufete de abogados, allí conocí a un criminal suspicaz, un gran ladrón, tenía el caso como su abogado, y le pregunté al hombre: ¿Cómo te hiciste así? Quiero decir un ladrón... Intentando respetar al hombre.
Dijo sonriendo: mi madre es la causa.
Pregunté yo: ¿Cómo?
Tuvo una sonrisa más amplia y dijo: estaba en el cuarto curso de primaria, una vez volví de la escuela y se me perdió mi lápiz, cuando mi madre fue informada de eso me golpeó fuertemente y me insultó con las peores palabrotas y me describió como necio, irresponsable y más. Como un resultado de la crueldad exagerada de mi madre decidí desde entonces no volver a ella sin nada en las manos. Decidí robar los lápices de mis compañeros. El día que vino después, puse el plan en marcha y no pude robar uno o dos lápices sino robé a todos mis compañeros de la clase.

Al principio robaba teniendo miedo, poco a poco dejé de ser honrado y el miedo dejó de tener lugar en mi corazón, lo usé para realizar muchas tretas, la anécdota es que yo robaba los lápices de mis compañeros y se los vendía después. Un mes más tarde el tema dejó de traerme aquella felicidad primera. Decidí dedicar el robo a las clases de al lado, de una clase a otra terminé en el despacho del director de la escuela con el propósito de robar. Aquel año fue el de la práctica en el que aprendí a robar prácticamente, y empecé después a ser profesional, un experto.

El segundo niño:

Cuando mi hijo estuvo en el segundo curso de primaria volvió un día de la escuela y se le había perdido su lápiz, le dije: ¿Y qué hiciste?
Dijo mi hijo: tomé uno de mi compañero.

Le dije: buen comportamiento, pero ¿Qué ganó tu compañero por haberte dado el lápiz para escribir con ello? ¿Ha tomado de ti alguna comida, bebida o dinero?

Dijo mi hijo: No, no lo hizo.

Le dije: Entonces él ganó muchas recompensas, hijo mío, ¿Por qué es él más inteligente que tú? ¿Por qué no ganas tú las recompensas de Allah?
Preguntó mi hijo: ¿Cómo?
Le dije: vamos a comprar dos lápices para ti, uno lo usas para escribir y otro lo llamaremos el lápiz de las recompensas y esto porque lo vas a dejar para cuando a alguien se le olvide su lápiz, o se le pierda el mismo. Y seguro que se lo dejarás y luego lo vas a tomar después de terminar la clase.
Cuan feliz estuvo mi hijo con esta idea, y aumentó su felicidad después de ponerla en práctica. Hasta que tenía en su mochila un lápiz que lo usaba al escribir y seis otros para las recompensas. Lo raro en éste tema es que éste hijo mío odiaba la escuela y su nivel de aprendizaje era bajo. Después de probar ésta idea me sorprendí de que ya había empezado a querer la escuela. Simplemente porque se hizo la estrella de la clase en algo especial.
Todos los profesores ya lo conocian, sus compañeros le buscaban en los problemas. Cada cual que se le perdió el lápiz suyo, tomaba uno de él, cada profesor que descubría que alguno no escribía por no tener ningún lápiz, decía desde entonces: ¿Dónde está el dueño de los lápices alternativos?
Como un resultado de que a mi hijo le había empezado a gustar la escuela, empezó desde entonces su nivel escolar a mejorar poco a poco, y lo mejor es que ya terminó sus estudios universitarios, se casó y tuvo unos hijos. Y nunca se ha olvidado del lápiz de las recompensas. Hoy en día ya es responsable de una de las asociaciones de caridad más grandes dentro de nuestra ciudad.

Pues tenemos que, hay que tener cuidado con la educación dedicada a nuestros hijos, y que si les tratamos con misericordia cambiamos las situaciones negativas a otras educativas valiosas.
Del libro: Educamos a nuestros hijos con el amor.
Dr. Abdulah Muhammad Abdulmo ty

Traducido por Lic. Samar Sayed

Editado por Dra. Dora Marquez