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La tierra verde de Dios

“Él posee las llaves de lo oculto y nadie más que Él las conoce. Sabe lo que hay en la tierra y en el mar. No hay hoja que caiga que Él no lo sepa, ni grano en el seno de la tierra, o algo que esté verde o seco sin que se encuentre registrado en un libro evidente”. (Corán 6:59)

El Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, dijo una vez:

“El mundo es verde y hermoso, y Dios te ha nombrado como su guardián”.(Sahih Muslim)

Mantener la tierra verde, productiva y beneficiosa para el hombre y los animales es una de las más nobles preocupaciones de acuerdo al Islam. Aprendemos del Profeta que:

“No hay nadie entre los creyentes que plante un árbol, o siembre una semilla, y luego un pájaro, o una persona, o un animal coma de ello, sin que lo considere como que ha dado un regalo en caridad (por el cual puede esperar la complacencia y la recompensa de Dios)”. (Sahih Al-Bujari)

Plantar vegetación es un esfuerzo tan virtuoso ante los Ojos de Dios que se anima a que sea realizado aunque sea el último acto de una persona en la Tierra. El Profeta dijo:

“Incluso cuando el Día del Juicio llegue (a ustedes), si alguno tiene un brote de palma en la mano, debe plantarlo”. (Ahmad)

En cuanto a la pregunta de quién tiene derechos sobre el forraje y otros recursos que son vitales para la supervivencia y el bienestar de la humanidad, el Profeta declaró explícitamente:

“Las personas son socias en tres cosas: el agua, el forraje y el (combustible para el) fuego”. (Ibn Mayah)

Es un hecho en el Islam que si los recursos vitales de la tierra no se comparten equitativamente, las sociedades se polarizarán entre los que tienen y los que no tienen. Por lo tanto, a aquellos musulmanes que se encuentran en control de provisiones más allá de sus medios se les anima a que sean caritativos y compasivos con los menos afortunados por un lado, y por otro, que eviten el acaparamiento y el derroche. En cualquier caso, la institución islámica obligatoria del zakat (donación para los pobres), la prohibición de la riba (usura en todas sus formas), y el sistema económico ético del Islam en general, en conjunto garantizan que la brecha entre ricos y pobres no permanezca insuperable o, en todo caso, sea muy porosa.

“Él es Quien ha creado huertos, unos con plantas rastreras y otros con plantas que crecen hacia lo alto, [y ha creado también] las palmeras, las plantas de diferentes frutos, los olivos, y los granados; [todos de aspecto] parecido pero [de frutos con sabores] diferentes. Comed de sus frutos cuando maduren, pero pagad lo que corresponda por ellos [de Zakat] el día de la cosecha; y no derrochéis, porque Dios no ama a los derrochadores”. (Corán 6:141)

La causa del desarrollo sostenible —la habilidad de las generaciones actuales de desarrollarse sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras— está en sí misma en completa armonía con las enseñanzas del Islam. Hoy día, menos del 25% de la población mundial consume más del 75% de los recursos del planeta. Es esta apropiación indebida, este desperdicio, abuso y uso excesivo de los recursos mundiales, lo que conforma el consumo insostenible de los mismos. En cuanto a los culpables de tal abuso, ellos recibirán su merecido de forma severa en el más allá, como fue mencionado por el Profeta cuando dijo:

“(Hay)... tres tipos de personas con las que Dios, el Día de la Resurrección, nunca intercambiará palabras, ni los mirará… es aquel que posee un exceso de agua pero no lo comparte con los demás. Dios le dirá: ‘Hoy no compartiré Mi gracia contigo, así como dejaste de compartir con los otros el exceso de agua que no habías creado por ti mismo’”. (Sahih Al Bujari)

“Y Él es Quien ha hecho que os sucedáis unos a otros en la Tierra, y ha agraciado a unos más que a otros para probaros con ello. Ciertamente tu Señor es rápido en castigar, pero también es Absolvedor, Misericordioso”. (Corán 6:165)

En realidad, la pérdida acelerada de biodiversidad, la destrucción de hábitats naturales, la contaminación y el daño a los ecosistemas, y la degradación ambiental en general, daño y destrucción, por no hablar de la opresión a gran escala sufrida por muchos de los habitantes del mundo, son todas formas de los signos manifiestos de la corrupción y la villanía en la tierra.

“Por cierto que en las generaciones que os precedieron hubo sólo unos pocos piadosos, a quienes salvamos, que se opusieron a la corrupción en la Tierra. En cambio, los inicuos [que eran la mayoría] permanecieron cegados por los placeres de la vida mundanal, y fueron pecadores”. (Corán 11:116)

Si la humanidad fracasa en su deber y responsabilidad hacia el Único (Dios) más grande que él, ¿cómo puede esperarse que sea obediente y responsable con lo que considera menor que él? Si hay ingratitud hacia el Creador, ¿cómo puede el hombre mostrar gratitud hacia su prójimo, y mucho menos hacia las bestias de la tierra? Si el ser humano se preocupa poco por el balance de sus buenas obras ante Su Señor, ¿por qué habría de esperarse que se preocupe por el balance del mundo a su alrededor?

 “Y creía [el malvado] que jamás comparecería [ante Dios]. Pero al contrario, tu Señor estaba bien informado de lo que hacía”. (Corán 84:14-15)

Por lo tanto, ¡que toda la humanidad tenga cuidado! En verdad que cosechamos lo que sembramos. Todo lo que hacemos en esta vida se nos devolverá después de nuestra muerte. Nosotros, los seres humanos que hemos tenido toda la tierra y sus criaturas a nuestro servicio por una causa justa. Este simple hecho debería hacernos responsables de nuestra preparación para ese día fatídico, el Día del Juicio.

 “Cuando la Tierra se sacuda por el gran terremoto, y expulse su carga [haciendo surgir a los muertos de sus tumbas], y el hombre diga: ¿Qué le sucede? Ese día, la Tierra dará testimonio [atestiguando el bien y el mal que se hubiere cometido sobre ella]”. (Corán 99:1-4)